Discurso de la sierva de Dios María Esperanza de Bianchini en la residencia de la Flia. Arrieta. Maracaibo, Zulia, Venezuela

Viernes, 14 de junio de 1996 9:40 p.m.

[…] ven a reconciliarnos a todos en un abrazo fuerte motivados por el amor de ese Hijo de Dios para afianzar nuestra fe, consolidándonos todos para ser hijos verdaderos de esa Iglesia Santa donde Dios nos ha puesto, donde ha querido ponernos; como por ejemplo, vemos los sacerdotes en cumplimiento de sus deberes, allí de pie, firmes como un solado; un hermano que se ha dado, que se sigue dando.

¡Qué hermoso es ello! Es la Iglesia, nuestra Iglesia… amarla sobre todas las cosas, es la piedra y fundamento en la cual nosotros todos tenemos que apoyarnos, consolidándonos en ideas de superación espiritual, y ¿cuáles son esas ideas? Los mandamientos de la Ley de Dios y los Evangelios.

Evangelización, el Señor nos pide en estos momentos, evangelización. Tenemos que realmente meditar los Evangelios y cumplirlos al pie de la letra, tal como nos enseñara Jesús en todas sus obras como Hijo de Dios y como fuente de divina gracia con el amor más grande, dándose de día y de noche a todos los que pasaran por su vida.

¿Nosotros, qué hacemos; estamos detenidos en medio del camino? No, tenemos que proseguir firmemente convencidos que es la hora del despertar de conciencias. Si tenemos una conciencia tenemos que pensar: “Dios mío, Tú me estás llamando. ¿Qué quieres de mí, qué quieres que haga, qué es lo que tengo que hacer?”

El Señor nos responde diciendo: “Te debes a tu Iglesia, tu Iglesia, nuestra Iglesia y tienes que trabajar por esa Iglesia conservándote en tu punto de acción.” Concientizando realmente por qué hemos venido, por qué estamos aquí, cuáles son los deseos del Señor. Los deseos del Señor son los de reafirmar nuestra fe motivados por un anhelo: Servir y no ser servidos, servir en continuación sin cansarnos de que nos molesten. Les digo esto porque la mayoría de la gente… “No, yo estoy cansado, yo no puedo más.” Yo, aunque no pudiera, muero de pie y firme como los soldados.

Tenemos que hacerlo así porque qué vamos a enseñar a los que vienen detrás; los niños, los jóvenes que crecen, se convierten en adultos y tienen que tomar, pues, un camino, una posición, una universidad para dar su contributo a la sociedad humana; una sociedad que está pidiendo a gritos, realmente conciencia exacta de los deberes del hombre y de la mujer de hoy. Nos lo está pidiendo.

Entonces, tenemos, pues, que realmente unirnos como se unen las olas del mar cuando van llegando a la playa, todos unidos con el amor, con la fidelidad a un cielo inmenso que tenemos frente, y un mar inmenso que se extiende a lo lejos, y una nave que viene llegando lejos… allí… en su nave como Capitana del Mundo. Es Jesús que viene con el Sol de Justicia, pero María nos conduce en esa barca, diciéndonos: “Id de un punto a otro llevando la Palabra de Dios, llevando tu contributo, dando de ti lo mejor que tienes.”

Por eso tenemos que crearnos una conciencia exacta de nuestros deberes. Nunca decir: “No”, jamás, aunque te estés muriendo; de pie porque si tú das, tienes derecho a recibir; si tú no das no tienes derecho a nada en la vida, pero si tú te das con amor, con humildad, con paciencia…

Tenemos que tener paciencia, especialmente con los ancianos, paciencia con los niños, paciencia con todo el mundo porque si tú te vas a cansar de todo el mundo… “No, ya no, ya me estorbaron.” No, no puede ser.

Entonces, ustedes me perdonan que he tratado este punto, pero la mayoría, yo sé, de la gente… “No, yo no puedo, yo no tengo tiempo.” No, tenemos tiempo para todo, hay que saber repartir ese tiempo, a quién se lo vas a dedicar, cómo vas a hacer.

Entonces, pues, yo los invito, hijos, a que ustedes conserven fragantes y lozanas sus almas en la frescura de la rosa, del amor de mi Madre María, la Madre de Dios viendo en ella, en esa rosa, cómo esos pétalos se abren para ofrecérnoslos. Ella nos los ofrece con una pequeña gota de rocío para rejuvenecernos. Es rejuvenecer nuestras almas, hacernos jóvenes, quizás, no en apariencia, pero sí, espiritualmente sin decir: “No.” Nunca; recuerden esto, jamás.

Cuando alguien te diga una cosa llévale la corriente, aunque tú no te sientas, llévale; dile: “Sí.” Dios te dará, entonces, la fuerza, la energía, la espiritualidad, renovándote todo, todo, todo tu ser y tú serás libre de todas las ataduras, de las enfermedades, de las malas acciones de la gente. No, no, tú no vas a tomar en cuenta nada de eso. Tú tienes que tomar las buenas acciones de los seres, eso es lo que tenemos que tomar en cuenta, las buenas acciones. No lo malo, no. Eso hay que hacerlo así, como que no te ha rozado, ni siquiera te ha tocado para que así puedas realmente vivir el Evangelio.

Evangelización dije al principio, evangelización están pidiendo estos tiempos, por eso tenemos que leer todos los días las Escrituras del Señor. ¡Pá!, en lo primero que te salga, eso es lo que te está diciendo el Señor en el día y eso es lo que tú tienes que leer, concientizar realmente lo que te está pidiendo allí, porque es un pedido que te hace. Así tú te vas sintiendo fuerte, firme, decidido; no tienes miedo a nada, sino que vas llevando… bueno, y que sea lo que Dios quiera.

Y les digo esto porque la vida nos va enseñando mucho, a veces nos resentimos por esto, aquéllo, que fulanito… no, no, no, nada de eso. Es tan bella la vida, son tan hermosas las cosas de Dios, en las pequeñas cosas donde Él se presenta, que nos las hace ver de una manera así que uno dice: ¿Dios mío, es posible esto? Es posible porque Dios lo puede todo.

¿Qué es lo que Dios no puede hacer? Dios lo hace todo; el corazón más duro se conmueve ante la gracia que el Señor le da o le concede la gracia… pero pide, pide y recibirás. Camina, hijo mío, busca la luz y la encontrarás, reafirma tus pisadas, camina.

  • Aquí estoy sentado, Señor, sentado por tu gracia, por tu amor, sentado porque Tú me estás ayudando, me estás ayudando a concientizar realmente lo que tengo que hacer, para qué he venido a este mundo, qué quiero de este mundo, qué quiero de mis hermanos, qué vengo a buscar, quién soy yo en realidad, para qué sirvo.

Y Dios te va a decir: “Tú sirves para esto, ocúpate de esto, no te metas en esto porque esto no te conviene.”

Esa luz la tenemos, unos dicen: “No, yo no recibo nada, yo no sé nada.” No, todos sabemos, todos tenemos una gracia, tenemos una chispa, una luz, una esperanza, una ilusión y tenemos que aprovechar esa luz, esa esperanza, esa ilusión, esa gracia para poder realmente vivir una vida auténtica cristiana.

Yo los invito a todos ustedes, familia marabina, maracuchos, para que entremos en una nueva secuencia, es la secuencia verdadera de la espiritualidad renovadora de nuestras almas para renovarnos, para encontrarnos a nosotros mismos y para poder realmente vislumbrar la luz de la verdad que hay dentro de nosotros. ¿Cuál es nuestra verdad y qué estamos haciendo? Concientizar: ¿Me he portado bien en realidad, yo he vivido bien, qué he hecho yo hasta ahora? No es hacer las grandes obras… esto… yo soy esto, yo soy… No, no, no; son pequeñas cosas de cada día, pequeñas cositas. Atender una gente que tiene una angustia en un momento de esos. ¿Qué te quita una angustia en un momento de esos? Pequeñas cositas. Un niño, Dios mío, en el examen, ayúdalo.

Siéntate con tu hijo, siéntate con tu amiguito, con quien sea, siéntate y escúchalo. Hay que saber escuchar a la gente. A la gente no se le puede dejar con la palabra en la boca, jamás, jamás. Eso es un pecado grave; y digo pecado grave, porque unas veces la gente llega buscándote… por lo menos al doctor: “Doctor, mire que yo quiero…” ¡Ay!, usted no va a decir: “Yo no puedo, yo no puedo, yo tengo mucho trabajo.” Tú tienes que pararte en el acto.

Después tú le puedes decir: “Me siento muy mal, ya yo no puedo”, pero en el momento tú tienes… o el doctor o el cura. “Padre, yo me quiero confesar.” “No, ésta no es la hora de confesión.” No, cuando una gente se dirige a alguien es porque lo está necesitando, hay que acudir y hay que darle la mano porque tú puedes salvar esa alma de un peligro, de algo que lo está rodeando y qué quién sabe lo que le pueda salvar; y que tú vas a cargar con aquello.

Entonces, eso es lo que nos pide Dios Nuestro Señor en este momento. Nos está llamando a concientizar nuestra vida, nuestros deberes, cuáles son; y especialmente con la juventud.

Hay que comprender a la juventud. La juventud está pidiendo algo nuevo, una esperanza, una motivación, un deseo de servicio. Quieren servir, hay que ayudarlos para que ellos concienticen verdaderamente porque ellos están pidiendo algo. Ese algo es Dios, no serán todos, pero la mayoría, por los menos los que yo conozco… mucha gente buena. Hay gente buena, hay gente que quiere servir, hay gente que quiere trabajar, hay personas que desean reunirse y hablar; sentir en su corazón lo que sientan y decirlo, desahogar ese corazón. Hay que escuchar a la gente; no la podemos dejar así.

Por eso es que yo amo mucho a la juventud. La juventud es agradecida. Todos esos muchachos que ustedes ven, esos los cogí yo, así… de doce años en adelante, de diez años, doce años; ya se han casado, ya tienen su hogar y su familia – hay que ponerles atención – todo el mundo se ha graduado, todo el mundo tiene su profesión, todo el mundo. O sea, no se le puede decir que no, porque entonces se desvían, se van, se nos van de las manos y no sabemos cómo pararlos.

La sociedad humana, ahorita, está en peligro, en un grave peligro y ese peligro es este momento difícil que estamos viviendo. El hombre, la necesidad, pero no es tanto esa hambre de poder comer el pan de cada día, sino el hambre, el ansia, el deseo del Evangelio.

La gente quiere aprender. No todos son malos, no, no podemos decir: Fulano, ese no entiende nada; no, no, no podemos hablar así.

Yo creo que es un momento en el cual tenemos que recogernos todos en oración, en meditación, verdaderamente hacer ayuno… penitencia, hacer penitencia: miércoles y viernes; y algo más grande, si es posible cada día, la Santa Misa, la Comunión.

La Santa Misa regenera nuestras células, nos da sangre nueva, vida nueva, nuestros órganos se tienen que curar, regenerarse con Sangre y Vida nueva de Cristo porque allí viene el Señor, ese Cuerpo y esa Sangre la dio Él. Se dejó crucificar para que luego, después se convirtiera en Pan y Vino que lo representa en todos los altares del mundo.

Por ello, yo creo que la Eucaristía es la base primordial nuestra. La Eucaristía… Eucaristía todos los días como tenemos que comer, todos los días vamos a la Eucaristía.

En realidad, yo estoy muy agradecida del Señor porque ha sido muy bueno conmigo, con los míos… detalles, cosas que solamente uno que lo sabe puede verdaderamente apreciar el valor de ese amor tan grande que Dios nos da, y nos lo da todos los días en cada cosita, en pequeñas cosas.

Yo, por ahora, no pensaba venir a Maracaibo porque, fíjate, yo más bien paré los viajes últimamente, después que hice el viaje a Jerusalén en noviembre, yo dije: Por ahora, no; voy a descansar porque han sido cuatro años. Después de que yo me fui de aquí, empezaron los viajes. Cuatro años ya, viajando y viajando para allá y para acá, bueno, y no paré; después dije: No, también mi salud, también Geo se resintió con su salud. Y yo dije: No, yo no… voy a pararme estos meses.

En realidad, yo no voy a ninguna parte, yo me retiré de todo: sociedad y todo eso. Todo lo dejé, ¿tú sabes?, pues, ya las fiestas, ya las reuniones, así… cosas muy… No sé, no, no es que me la quiero echar de santa tampoco, no; yo tengo los pies puestos aquí, nada de que me voy como un angelito para arriba, no, no.

Dios nos quiere tal como somos con nuestras cualidades y defectos, eso sí, tratando de mejorar nuestra vida interior y llamarnos al botón. Porque qué hago yo con hablar unas tonterías; no, no, no.

Entonces, verdaderamente, pues, ha habido cambios y le dije: ¿Señor – cuando me invitaron los muchachos – ¡ay!, qué haremos? Bueno, se casaron en Caracas y después, bueno… “Tiene que ser nuestra madrina, allá en Maracaibo.” Después fue el doctor, bendito sea Dios, que Dios lo guarde y lo bendiga por su humildad, por su paciencia, por su amor a Dios, a la Virgen, a mi Madre Santísima, a nuestra Madre Celestial María bajo todas las advocaciones del mundo.

Es María la Madre, ella nos viene a reconciliar, la Chinita ama a su pueblo, lo ama. La Virgen Madre, la Madre de Dios. A mí me dicen que la Virgen fulanita es mejor que la otra. No, es la misma Virgen, Madre de Dios, la Guadalupe – venero la Guadalupe – pero Dios quiere que la amemos a ella bajo todas las advocaciones, la que Dios nos ponga en el camino, la que Él desee, la que nos inspire, pero también concientizando que tenemos que llevar a las conciencias la verdad de que Dios convive entre nosotros.

Dios convive con su pueblo, está conviviendo actualmente como nunca en épocas pasadas había pasado y eso porque se está viendo mucho dolor. La humanidad ahorita está azotada y estamos al borde de una guerra mundial. La gente cree que no. Estamos al borde… y más grave, con artefactos terribles. Esto no es una cosa así… es muy fuerte, pero con la oración apagamos al demonio, lo aplastamos; la oración, la oración día y noche seguida. Que hay que hacer una cosita aquí y esto… le das una vueltica, vuelves a la carga; no descuidarse.

No podemos descuidarnos porque el demonio está ahorita, azotando las almas para que se separen las amistades, para que la gente diga: “No, yo no creo, yo esto, lo otro.” Entonces, todo el mundo coge su camino a su manera. Le parece que lo que está haciendo es lo mejor.

No, tiene que haber una dirección de un sacerdote, tenemos que tener una dirección; no podemos estar solos por nuestra cuenta para eso están ellos que son los pastores que están en el deber de atendernos, de escucharnos porque para eso ellos tienen una investidura perfecta; digo yo, lo más perfecto porque el Señor los escogió a ellos. Son los únicos que tienen, pues, el don grande de elevar al Señor al cielo… es lo más grande… de perdonar nuestros pecados, nuestras culpas, la absolución. Eso es lo más grande. Puede ser el sacerdote más débil, puede ser, pero si está Dios, si en él hay sacerdocio es sacerdote hasta en el infierno.

Entonces, sacerdocio… buscar al sacerdote. Que se está muriendo… un sacerdote. No se está pidiendo: “Mira, fulanita, ven que tú tienes poderes.” No, nada de eso… el sacerdote. Es allí, es Iglesia, es Iglesia y por eso yo amo más y más todos los días a la Iglesia. Combatiré contra todas las herejías y todas las cosas que corrompen el alma del hombre. ¿Por qué? Porque veo que es allí donde está la verdad. Ha habido muchas debilidades y muchas cosas, pero hay la fuerza, es el poder, es piedra y fundamento; contra eso no puede nadie, y por eso tenemos que pedir por nuestro Santo Padre, el Papa, porque la labor de él ha sido grandiosa, única en la historia de la Iglesia.

Yo quise mucho a Pío XII porque me dio la mano y fue tan bueno, me veneraba, y él ayudó a los hebreos. Y yo a los hebreos, con todo lo que tengan, los quiero porque Cristo era de allá también. Nació allá, vivió allá, su pueblo lo negó, pero Él los amó y los sigue amando y su deseo más grande es la conversión de ellos. Yo creo que sí se van a convertir.

Vendrá la unión y yo eso sí lo creo, ¿ves?, que vendrá la unión de razas, fe del mundo… todo el mundo unido.

Si yo a ti te respeto, respétame a mí, pero te digo que Cristo es la verdad, pero yo sigo lo mío, pero nos damos las manos. No podemos estar separados, no puede haber ya separación, y si no llegamos a eso nos viene una guerra que nos vamos a matar, bueno, los van a matar, pues. Fíjate, yo tengo la esperanza de que algo va a suceder, que la gente va a tomar conciencia y que realmente van a llegar a acuerdos.

China se quiere salir con la suya con Rusia, pero yo no creo. Estados Unidos debe estar fuerte. Yo por eso quiero mucho a Estados Unidos, es bueno, es gente generosa, gente amable, gente digna; habrá musiú por allí que no cree, pero hay católicos verdaderos y católicos practicantes de verdad; también hay unos que están por allí regados que están buscando todo lo que les dicen, todas las apariciones, los perolitos que hay por allí, dicen que esas son apariciones, bueno… es verdad… tienen esas cositas, pero hay gente… el que es católico verdadero es una persona honesta, es digna, es una persona justa.

Mira, he conocido valores verdaderamente que me han conmovido muchísimo; gente con valores que eso me llena mucho el corazón de ver gente con un buen corazón y que en verdad buscan a Dios, de verdad con mucha humildad, con mucha generosidad y con un gran sentimiento humano que toca el corazón. Por eso les hablo esto porque en verdad los he llegado a querer mucho.

Les voy a decir, hijos, bueno, no sé, Padre, soy una atrevida con este señor que tiene para enseñarme a mí; pero bueno, Dios nos da sus pequeñas cositas y tenemos que aceptarlas con mucha humildad, sin traspasar los límites, cada uno en su camino en lo que Dios quiere, para lo que quiera, donde nos quiera.

Entonces, Dios, quizás, quiso este día, aquí con ustedes, que viniera. Cuando iba a San Rafael, allá… le dije a las muchachas: Ya no puedo caminar, me estoy muriendo, tengo un mareo, tengo un malestar tan grande, Señor. “Tómate esto.” No, yo no puedo tomar… yo empecé y hasta que no termine no puedo comer, es una regla. Que me voy a morir del corazón, me va a dar el ataque, me va a dar esto… No, bueno, eso lo vamos a dejar, después que me den todas las morideras, pero ya cumplí con mi deber; porque creo que es un deber.

Yo no estoy aquí simplemente, hijos… Bueno, porque en verdad yo por ahora no pensaba salir para ninguna parte hasta que pasaran estos momentos difíciles de la salud de Geo, que nunca se me había enfermado. Mi marido era un roble, bueno, una vez cuando tuvo el accidente, pero de allí más nunca hasta ahora; pero Dios lo quiso así y yo estoy muy agradecida del Zulia.

Cuando yo vine y regresé a Caracas empezaron los viajes, ¿verdad? Cuatro años seguiditos, sin descansar ni un mes, todos los meses saliendo fuera. Hay que ver. Y Dios me dio la fuerza y la resistencia hasta ahora, pues, he estado así… un poquito malita, pero ya estoy volviendo otra vez.

Entonces, bueno, yo lo que quería decirles es que yo los invito a que podamos realmente crecer; el crecer espiritual de un alma que ama y siente a su Dios y que no desea otra cosa que hacerlo conocer realmente de sus amigos, de sus seres queridos para que lo sientan plenamente en sus corazones reafirmando que Cristo convive entre nosotros, es una convivencia continua.

Usted que es religiosa debe darse cuenta; usted, Padre, con todas las cosas del mundo porque usted está en medio del mundo y es peligroso, a veces, también cuando uno se contamina con toda la gente y todo, pero es bueno también porque así usted aprende a salvar las almas y a orar por las personas para que vivan una vida justa y digna. Allí es que se conoce a la gente para aplicar lo que Dios quiera para esa alma: nuestra oración para su conversión, una conversión verdadera de integridad personal, de justos valores, de fidelidad a la Iglesia, de fidelidad a sus amigos, a sus hermanos, y más que todo, caridad.

Es la caridad lo que nos va a salvar, sin caridad no hay alma que se salve. Tú puedes ser muy bueno, muy intelectual, muy inteligente, muy doctora, puedes tener todas las cosas bellas del mundo, pero si no tienes caridad, allí no hay nada que hacer, eso no vale, eso es cero.

Entonces: caridad y generosidad, amor, humildad, paciencia. No es la humildad de que dicen: “¡Ay, la Sra. María Esperanza, ay, qué humilde.” A mí no me digan así porque yo estoy pisando aquí y tengo mis defectos como cualquier otra persona, pero eso sí, tengo una gran cosa: amo, amo a mi Señor y por mi Señor amo a las almas y es mi deber amarlas y concientizar realmente que ese amor es un amor verdadero porque Cristo me lo ha enseñado, porque María con su humildad también me ha llamado al botón cuando tenía que hacerlo y me ha hecho ver que no hay más nada que hacer en la vida, sino amar y darse en continuación sin cansarse, dando su contributo así, a la sociedad humana.

Por eso somos una gran sociedad y esa sociedad necesita valores que crezcan, que florezcan, que reavivan la fe y la conciencia de los hombres, y la unión de todos. ¡Qué hermoso es unirse las almas!

Yo estoy muy contenta, Doctor, aquí hay mucha gente buena, hay muchos valores, hay decisión y el pueblo zuliano es arrogante y firme, no arrogante en soberbia, sino arrogante en que me propongo y lo hago y lo hace. Eso es bueno.

Así nos quiere Dios, nos quiere que cuando nos propongamos a llevar a efecto una cosa tenemos que terminarla, tenemos que llevarla… no es que nos vamos a quedar y nos vamos a diluir. No nos podemos diluir. Tenemos que seguir avanzando, confirmando nuestra fe, nuestra manera de vivir, nuestra manera de pensar y nuestra esperanza, la esperanza de vivir en las mejores condiciones de un católico, de un católico que nace, que nace robustecido de fe y de amor, de vivencias continuas con sus hermanos.

Entonces, yo los invito para que así todos podamos esta noche concientizar cómo estamos por dentro, qué necesitamos actualmente, cómo vamos a vivir desde hoy en adelante y qué nos está pidiendo Dios para que nuestros valores humanos crezcan, se reafirmen, concientizando la labor que tenemos que hacer.

La labor es una labor en la cual nosotros tenemos que poner todo nuestro empeño, el empeño de poder llevar a los hermanos la esperanza de vivir un mañana mejor, la estructura familiar, las bases para una vida superada de antagonismos y de cosas pasadas. Nada de esos egoísmos, de luchas contradictorias, no, no. En paz, en armonía, alegres, felices, rozagantes, llenos de caridad porque la caridad nos da por dentro un algo tan grande que nada, nada, nada nos separa de Cristo; por ello el amor que representa la caridad tenemos que vivirla cada día con la luz del nuevo amanecer de Jesús, con el nuevo amanecer de Jesús.

Jesús se está avecinando, Jesús se está acercando. Eso no son cuentos de camino, con el perdón del Padre, está la hora llegando. Este fin de siglo nos trae muchas sorpresas, sorpresas impensadas por el hombre: unas graves, contradictorias que nos hacen pensar, pues, que estamos en la boca del lobo; pero otras maravillosas, sublimes, exquisitas, no hay palabras cómo expresarlas y tenemos que buscarlas, buscarlas en nosotros mismos, en nuestra lealtad y honestidad para concientizar el hecho sublime, diría yo, que se avecina en el mundo para lograr el hombre realmente vivir – como dije al principio – una vida auténtica cristiana. Está llegando.

Ese es mi mensaje de esta noche: Autenticidad de un mundo nuevo, valores realizados por medio de la afinidad entre las almas cuando se conocen, cuando se tratan, cuando palpan una verdad en el hermano y concientizan realmente que hay algo, hay algo especial; como podría decir del Doctor hoy.

Dios lo mandó, fue algo especial cuando me dijo: “¿Va a Maracaibo?”, le dije: Yo no voy por ahora… pensaba… pero pedía por el matrimonio, pero no pensando en esta reunión ni mucho menos, pero después me dije: ¿Señor, qué quieres Tú? No sé si podré en este momento; pero el Señor pudo, mi Madre pudo y por eso estoy aquí con el corazón rebosante de alegrías, de esperanzas, de ilusiones; son las ilusiones de que cada uno de ustedes pueda realizarse como un ente de luz en el mundo.

Somos parte de esa luz, todos tenemos esa luz solamente que a veces la apagamos así… la dejamos medio así… medio tibia, se va apagandito, pero cuando está esa llama se refuerza por medio de la oración, por medio de la meditación, la penitencia, la Eucaristía. Por eso yo les recomiendo – son cuatro cosas que yo amo tanto – hay que orar, orar continuamente; y digo continuamente, porque no es una oración, quizás, muy larga, son pequeños pensamientos, oraciones así… suaves:

  • Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.
  • Señor, piedad de mí y misericordia.
  • Señor, óyeme, escúchame, aquí estoy, toco las puertas de tu Corazón, ábrelas; Señor, déjame entrar en ese Corazón y tenme allí contigo para no separarme. Ayúdame, Señor, soy débil, soy flaca, tengo pecados, me rebelo, pero ya basta, voy a ser mejor. Mi condición humana es débil porque somos carne, sangre y sentidos, así el alma no puede ser perfecta, pero yo quiero perfeccionar la mía. Yo sé que soy débil, pero podré, tengo que poder porque Tú me vas a dar la fuerza y cómo me la vas a dar, con mi condición humana si es que tengo voluntad para reafirmar esa fe y esa confianza en Ti de que todo lo puedo en Aquél que me conforta, que eres Tú, Señor.

Entonces, yo diría que esta noche es un encuentro de hermanos, de hermanos que se sienten uno al otro. Tu dolor es mi dolor.

[…] también compartimos porque está Jesús en el medio con su Madre, Jesús resucitando, y digo resucitando porque Él quiere que resucitemos con Él y Él quisiera resucitar cada día con nosotros, no cada año, todos los días. Para resucitar con Él tenemos que recibirlo en la Comunión, y yo vuelvo hacia la Eucaristía porque yo creo que es lo más grande, es que es lo más grande el Cuerpo Místico de Cristo.

Cuando ellos enarbolan al Señor en alto, eso a mí me llega al corazón, eso es lo más grande porque Él está allí presente, está vivo, está ejecutando, está poniendo a cada uno en orden de ideas, está elaborando un trabajo de fidelidad a la empresa tan grande que el Padre le dio como Hijo suyo para salvar al mundo que se perdía y que en estos tiempos se está perdiendo.

El hombre está volviendo atrás porque está haciendo cosas que no ha debido hacer nunca, y esas cosas son pecados. Ha perdido los valores humanos que Él nos enseñó, que Él nos dio y entonces es necesario detener el flagelo horroroso que se avecina; y ello es contemporizando, es llegando a un acuerdo todos de unidad fraternal, de amistad sincera, de unidad, unión, o sea, no ver los defectos de tu hermano porque todos tenemos defectos.

Si empezamos a ver que fulanito falla, fulanito esto, fulanito lo otro, entonces, no vamos a hacer nada, nada, nada absolutamente nada; nos quedamos paralizados, no estamos cumpliendo con nuestros deberes, estamos con la cizaña.

Entonces, yo creo que en esta noche Dios nos está revistiendo del Señor. ¿Qué es lo que no hace la fe? La fe mueve montañas, se ha dicho. La fe es la verdad de un hombre, de una mujer que ama y siente a su Dios, una fe vivida de cada día, de cada noche, en cada despertar.

Entonces, vamos a despertar nosotros en esta noche para vivir realmente una vida justa y verdadera de concientización de los valores del hombre, de su formación, su vida, lo bueno que es, quitando lo malo. Vamos a quitar todo aquello que perturbe la mente, que destruye el corazón nuestro, sino que todos somos buenos. Eso de decirse yo soy malo, yo soy esto, yo soy el otro, no, no. Dios no nos quiere así, así no; Él acepta las cosas que sean de equilibrio. Tenemos nuestra parte negativa, pero tenemos una parte positiva, todos la tenemos, todos tenemos nuestro valor auténtico cristiano, la mayoría. Es muy difícil que no haya gente que sirva de eslabón para que otros se salven, todos somos una motivación de Dios para reafirmar los valores, son valores que realmente reajustan la fe, amoldan las personas a lo que Dios quiere, a lo que nos llama.

Quisiera, realmente darle las gracias al Padre. No es fácil escuchar o saber escuchar y callar y silenciar. A usted lo invito para que siga uniéndose, reavivando los momentos cuando Jesús pasaba por el mundo, sí, con sus apóstoles que lo siguieron llevando la Palabra de una parte a otra, pasando por las calles de Jerusalén, bellas, y también a los alrededores, por todas partes con la humildad del justo llegando a todos: a los hospitales, a las clases muy pobres, muy humildes que no tienen qué comer.

Y digo primero a los hospitales, porque hay tantos enfermos que les podemos dar una palabra de amor, de cariño, de consideración, de afecto, que hay alguien que se preocupa por ellos. Como también en las casas muy humildes yendo a visitarlos como para llevarles un rosarito, un libro de catecismo para los niños; que vean que se están ocupando de ellos también porque en esa clase marginada, que la gente lo que tiene es miedo, muchas veces de meterse por allí porque están atracando a la gente o matando gente y es un desajuste social en Venezuela y me asusta esto.

Yo creo que eso se va a acabar pronto. Yo creo que ahorita Maracaibo está haciendo algo muy grande, muy grande silenciosamente. El Señor sabe donde pone la semilla y donde puede crecer esa semilla. Nos está invitando para concientizar que éste es un pueblo hermoso, lleno de valores, de solidaridad humana, con deseos de trabajar y de empeñarse en volver de nuevo a aquellos tiempos – estos tiempos en aquellos tiempos – para unirse en una hermandad fraterna y amiga, cuidando ese contributo en toda esa sociedad, digamos, en todas las clases. No la clase tal, la clase de fulanita, la clase así… no.

Tocando… hay que tocar. La gente se siente olvidada, la gente se siente turbada, triste. En Caracas es horrible, pero yo creo que pueden hacer una gran labor, el gobierno lo hará, los gobernadores y toda esa familia maravillosa, pero toca al Pueblo de Dios, a las almas que se mueven en esa Iglesia, nuestra Iglesia católica.

No se dice: “Soy político” ni “soy fulano”, no, no. Es tratando de suavizar las heridas porque allí está un pueblo resentido. Aquí, en Caracas y en todas partes, pero no sé, Dios sabe lo que hace y por qué lo hace. …Ama al Zulia. Puede salir algo muy grande de aquí, muy bueno, maravilloso aunque tenemos los colombianos, tenemos guerra aquí bien cerquita. Tenemos muchas cosas que desdicen de muchas cosas más, pero yo creo que el Señor como ama a su pueblo hay una Madre Santa aquí, la Chiquinquirá, o sea, pues, que todos ustedes sean los apóstoles de su Corazón materno.

Sois apóstoles del Corazón de María, somos apóstoles del Corazón Inmaculado de María. El Corazón de la Madre está llamando a sus hijos en esta noche, está sacudiendo al Zulia, aunque ustedes no lo crean: Renovación de conciencias para actuar con potencia, con justicia, con valor, el valor cristiano, el valor de un pueblo que defiende sus derechos, a su Iglesia y como hay una Iglesia tenemos que concientizar que no puede haber adulterio porque cuando las cosas se adulteran van mal.

Tenemos que ir muy correctos y les voy a decir, yo no conozco del gobernador ni mucho menos ni nada de eso, pero les voy a decir, es un hombre de fe, tiene conciencia, con sus ideas más bien socialistas – ustedes no lo van a creer – pero es una persona sana, quizás, es ahora cuando viene su verdadera vocación; él tuvo una vocación y casi, casi, pero el Señor lo llamó al mundo porque tenía que llegar este momento, hoy, aquí. Ustedes se van a recordar de mí. Dios lo bendiga, lo ampare, lo cuide y lo favorezca. No sé por qué dije esto, porque no vine a esto… la politiquera… no quiero; yo no soy una politiquera, no me gusta, no me gusta la política.

Pero aquí estamos haciendo algo muy hermoso; ustedes allí, calladitos, silenciosos, tratando de ahondar profundidades, quizás, y al mismo tiempo expectativas algunos, no sé, otros no, otros más suaves, más comprensivos, más humanos, más leales internamente como más con Jesús que sí comprenden lo que quiero decirles, pero estemos alertas.

Por ello les hablé de la oración; la oración es nuestra fuerza, nuestro valor humano, nuestra concientización con los deberes que tenemos y aún más la oración es nuestra base, la base de la Iglesia, nuestra afirmación, nuestra espiritualidad y nuestro deber como seres humanos que somos.

Ahora, pues, los felicito. Qué hermoso es saber escuchar porque algo sacamos en el fondo, tratamos de ver, de profundizar, nos ocupamos más de nosotros, o sea, nos vamos a ocupar. ¿Yo para qué sirvo, Señor; estoy en el verdadero camino; estoy haciendo las cosas bien hechas; soy realmente una persona que pueda llegar a conocer lo que significa el amor de Dios con profundidad?

Entonces, gracias Doctor, gracias a todos ustedes. Sigan reuniéndose, sigan creciendo, síganse llevando de la mano del sacerdote, de las religiosas, de los seres que lo dejaron todo, dejaron sus padres, dejaron sus familias para entregarse al Señor, viviendo con Él plenamente el Evangelio, dando su contributo a la sociedad humana, dando de sí lo mejor que tienen, y entonces, diría yo: ¿Cómo no creer en ellos si lo dieron todo? Nosotros nos quedamos, bueno sí, en el mundo cumpliendo con nuestros con nuestros deberes, pero ellos han dado mucho más. Es renuncia y cuando verdaderamente se cumplen las cosas perfectas, sin lugar a dudas que el Señor está haciendo una gran labor de ese hijo suyo o de esa hija suya porque está tocándolos y ellos así logran tocar a los demás.

Les hablo en esta forma porque yo creo que éste es el momento más delicado que estamos viviendo, no solamente en Venezuela, en el mundo entero.

Aquí tienen que levantarse todos, no para guerrear ni para decir: “Yo sé más que tú” o “tú sabes más que él.” No, son diferencias que no hay ni que rozarlas ni tocarlas siquiera, sino para dar lo mejor, lo mejor suyo, lo mejor de todos, pero trabajar, trabajar no con tanto ruido; silenciosamente. El ruido viene después.

Yo sé que ustedes están trabajando a su manera como Dios quiere porque las cosas que Él acepta es porque nos estamos moviendo bien, o sea, se están moviendo bien, pero hay que ir con mucho criterio y por eso es la representación de la Iglesia. Sin la Iglesia no hacemos nada. Es Iglesia, es la motivación que nos tiene aquí, es mi Madre, es ella, María la que nos llama a discernir el mensaje de la reconciliación de los valores humanos y del porqué un encuentro entre hermanos.

Dios nos guarde a todos.