Discurso de la sierva de Dios María Esperanza de Bianchini en el convento de las hermanas de San José. Framingham, Massachussets, EE.UU.

Miércoles, 12 de mayo de 1999

  • El Ángelus.

Pueden sentarse.

Realmente estoy conmovida, ha sido una tarde maravillosa. Con la Santa Misa hemos disfrutado del amor de Jesús, recibiéndolo en nuestros corazones para abrigarnos y acunarnos en el seno materno de su Madre, María.

¡Qué hermoso es sentir a la Virgen que nos acuna en sus brazos, que nos consuela, que nos alivia, que nos da la paz, la serenidad y la alegría del vivir diario!

Estoy feliz por este acontecimiento, por este día hermoso cuando la Sister Margaret ha podido llevar a cabo la realización de la obra que con tanto placer y con tanto sacrificio al mismo tiempo, ha podido vencer las dificultades que se presentan en el camino para abordar la barca de María. Sí, estamos navegando, nos hemos embarcado esta tarde a disfrutar el mar, el océano.

Sí, hijos míos, hermanos míos, qué feliz me siento. Ha comenzado para ella y para toda su comunidad una nueva etapa de luz y de conocimiento. Cada día tenemos que aprender un poquito más y llevar a efecto las obras que el Señor nos pide con la paciencia, con la humildad y con el servicio a todos los que nos necesitan. Darnos, darnos en continuación a nuestros hermanos sin cansarnos, sin dejarnos llevar de la tristeza o de la enfermedad, antes por el contrario, con ahínco, con firmeza podemos ir adelante con el consuelo y la esperanza de poder seguir predicando el Evangelio.

Evangelio, necesitamos evangelización los pueblos y naciones. Es la hora del despertar de conciencias y necesitamos todos unirnos como se unen los hermanos en sus hogares con sus familias, en sus casas pudiendo prepararnos para afianzarnos en esa fe, en esa madre la Iglesia, nuestra madre la Iglesia.

¡Qué cosa tan grande! Una madre que nos acuna, que nos enseña a discernir, realmente lo que significa el papado de Roma, el Papa de Roma. La madre la Iglesia con un Papa tan grande como éste que ha dado la talla espiritual en todos los sentidos pudiendo abrigarnos para seguir adelante llenos de esperanza y de la convivencia que es necesaria entre hermanos.

Es la convivencia la que nos lleva a soportar, a triunfar – más bien – las desilusiones de la vida. No podemos quedarnos atados a las tristezas o al desasosiego espiritual porque para eso está María, María acunándonos, dándonos su leche materna para alimentarnos, para que vivamos el Evangelio prestos al servicio de las comunidades, de los que nos necesiten.

Sister Margaret, realmente me siento conmovida y las palabras se quedan en mis labios pudiendo decir muchas cosas bellas que yo he visto en el transcurso de los días que la he conocido, de los meses, de los años con una prudencia la suya, y al mismo tiempo con un coraje, una energía viva para poder dar de sí su contributo a los suyos, a la sociedad humana, diría yo, al que la necesite.

Que su Fundación reciba en este día la unción divina del amor de Dios, del amor de María, del amor del Patriarca San José, de la familia de Nazaret para que esa familia la ayude, la proteja con toda su comunidad.

Felicito a toda esta comunidad de San José que han abierto sus puertas para llevar a efecto esta Misa tan hermosa y esta entrega de vosotros al Corazón de Jesús, al Corazón Inmaculado de María pudiendo dar la talla espiritual de las verdaderas hijas de Dios; ya que anteriormente, la Sister Margaret había estado entre vosotras y eso me complace.

De tal manera que siento en mi corazón un aleteo de pajarillos chicos que quieren volar como cuando los niños crecen y quieren demostrar cuán grande es lo que han aprendido en el transcurso de sus días para dar de sí lo mejor que tienen.

Bueno, hermanos, estoy conmovida verdaderamente y quisiera decir tantas cosas que pudieran demostrar el amor de Jesús entre todos vosotros; Jesús que con la llama ardiente de su Corazón está tocando los corazones de todos vosotros, o de todos nosotros, diría yo, porque realmente esto ha sido un despertar esta noche, un despertar de conciencias. Elaborar un programa tan hermoso y tan cierto, definiendo los perfiles en una verdad clara, y tangible y pura como la que Margaret ha elaborado en su trabajo con una gran personalidad, un gran carisma, diría yo.

Ahora, Sister Margaret, yo la felicito de nuevo y pidiéndole que siga adelante en compañía de todas estas familias y de todos estos seres que siguen sus pisadas porque usted tuvo enseñanza, verdad y conocimiento de estas Hermanas de San José, de estas hermanas que fueron sus hermanas, y la ayudaron con la carga y que dieron de sí su contributo a la calidad humana suya. Fue una enseñanza continua.

¡Qué hermoso es sentirnos que vivimos al calor del amor de Jesús con sus siervas, con sus seres queridos, sus joyas plateadas de oro divino!

Quiero una vez más decirle, Sister Margaret, que sea humilde… la humildad es el puente de cristal que nos conduce al cielo, sin humildad no hay nada que podamos hacer, con la humildad lo podemos todo, porque el Señor está en la humildad, en la paciencia, en obrar con rectitud, especialmente con el deseo de dar su contributo a esa sociedad humana, al que se le presente en la vida. No importa cómo lleguen ni de dónde vengan, lo importante es tenderle las manos, abrirlas y dar de sí lo mejor que tenga en su corazón. Siempre dar, dar y dar en continuación, sin negarnos aunque estemos enfermos, aunque nos sintamos mal, aunque ya no podamos, pero seguir adelante firmes pensando que es Jesús, Jesús que nos lo está pidiendo, Jesús que desea hacer de nosotros joyas del cielo, Jesús que nos abre las puertas de su divina misericordia para ayudarnos a convivir con nuestros hermanos, a ser humildes, sencillos, honestos, justos, apreciando el valor de lo que significa ser un hermano, un hermano de camino, porque vamos al camino de la luz, de la verdad y del conocimiento que Jesucristo Nuestro Señor viene a enseñarnos y a reeducarnos para vivir el Evangelio.

Evangelización necesitan estos tiempos, es por ello que tenemos que prepararnos y unirnos como se unen las olas del mar, fuertes, firmes, cuando se acercan a la orilla tocando la playa. Y digo este concepto porque todo en la vida cuesta, no es tan sencillo. Yo sé que la Sister Margaret ha sufrido mucho, pero con humildad, con paciencia, con el santo temor de Dios para no ofenderlo y ello es calidad humana, calidad de amor a Dios, calidad de bienaventuranzas eternas.

Entonces, hermanos, todos ustedes que la han ayudado, toda su congregación, esta Congregación de San José y también todos sus hermanos de camino, sigan adelante, sigan trabajando, sigan con humildad ayudándose los unos a los otros.

Es la hora del despertar de conciencias. El mundo pide misericordia, paz, serenidad y alegría del niño inocente; y digo alegría del niño inocente, porque el niño es lo más hermoso que existe.

Seamos justos en nuestras apreciaciones, no faltemos a la caridad nunca, la caridad es la siembra más hermosa, es lo más bello que existe, es lo más dulce y suave que acaricia y suaviza nuestra alma.

Y ahora que Dios nos guarde a todos, que nos bendiga y nos alivie en nuestros pesares.

En el Nombre de mi Padre, Yo los bendigo, hijos míos;

en el nombre de mi Madre, Yo les curo del cuerpo y del alma

y les guardo aquí en mi Corazón desde hoy, les guardaré

les guardaré, les guardaré aquí en mi corazón desde hoy y para siempre.

Que la paz sea con vosotros, que la luz del Espíritu Santo ilumine sus almas. Estamos en paz, en armonía con el mundo entero.

Dios los guarde, Dios nos guarde a todos.

Gracias, muchas gracias, gracias.