Discurso de la sierva de Dios María Esperanza de Bianchini en Betania II, Medway, Massachusetts, EE.UU.

Martes, 11 de mayo de 1999 5:20 p.m.

[…] vamos a ganar esa batalla, Señor, vamos a ganarla con el amor, con la verdad y con la luz del conocimiento.

– ¿Dónde está ese conocimiento, Señor?

– Lo llevas dentro de ti.

– ¿Cómo hacer con él?

– Darle a entender a tus hermanos para que así puedan salvar a otros hermanos más y vayan aumentando hasta ganar esos corazones para que trabajen en la madre Iglesia. Nuestra madre la Iglesia necesita obreros, muchos obreros sinceros, dados a la gracia para operar donde se le necesiten.

– Bueno, Señor, estamos aquí nosotros para aprender, para vivir y para dar lo mejor de nosotros.

– Bueno, hijo, entrad al Templo de la naturaleza de Dios. Aquí tenéis mi naturaleza, aquí tenéis mi gran verdad, la verdad de la humildad, del amor, de la constancia en el vivir diario de un cristiano, de un católico para aprender que en la vida hay que dar; dar de nosotros lo mejor a Dios, después a nuestros hermanos, a nuestros padres, a nuestros seres queridos y seguir viviendo los Evangelios.

Evangelización necesitan estos tiempos, la única verdad es ilustrarnos con la capacidad del niño inocente que llegado a joven se multiplican sus carismas y su fe en la doctrina del Señor.

Vamos a adoctrinarnos desde hoy para poder lograr el mundo mejor, el cambio, y los hombres sean mejores y se eviten las guerras. Hay que evitar las guerras a cómo dé lugar, hay que detener las guerras, hay que detener al enemigo, hay que dejar que la luz entre en todos nosotros y clamar:

  • Señor, Señor, toca mi corazón, toca mi corazón, toca mi corazón y ábrelo con la llama y el fuego de tu amor.
  • Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío.

Sientan la brisita.

Gracias, Señor; gracias, Bendito mío.

(Después que la Sra. María Esperanza le repartió rosarios a todos los presentes, expresó:)

Todos hemos recibido.

La humildad es el puente de cristal que nos conduce al cielo, sin humildad no podemos hacer nada, con humildad lo podemos hacer todo.

Gracias a todos por esta pequeña reunión, pero que ha sido llevada con mucho cariño, mucha consideración y amor de verdad.

Quizás yo he hablado un poquito… me traspasé, pero era necesario en algunos puntos. A veces es necesario hablar porque viene una relación más profunda. Ahora, ustedes van a pensar muchas cosas y van a oír muchas ideas, van a desarrollar su talento – todos lo tienen desarrollado – pero van a desarrollar más.

Ustedes, los jóvenes, muchas ideas, ustedes y nosotros, todos… como un conocimiento de la vida. Les van a dar una agilidad mental muy grande que desarrolla mucho, que cuando te están hablando ya tú sabes lo que te quieren decir, sin que te lo digan… en los negocios, en el trabajo, en las fuentes de trabajo, en todo.

Tú sabes que hay algo que despierta en ti internamente, es el despertamiento de todas nuestras células de vida nueva, es como una energía con nos entra para poder así obtener la consistencia de aceptar las cosas, realmente como vengan y tratar en todas partes, en todo momento de confortar, de animar a las personas, de alegrar el ambiente, de dar un poquito más de vida en la misma familia a veces.

La familia tiene que reunirse los domingos, así cuando tengan sus almuerzos en su casa y se pone la familia a hablar: ¿Qué piensas tú, hijo? ¿Qué piensas tú, fulano? Porque eso une mucho a las familias, se aman mucho, se sienten mucho, porque ya tú sabes cómo está tu familia, se sienten todos que no se están ocultando nada, que están abiertos a la gracia, abiertos a la fe, a la confianza en el amor a Dios, en el amor a la familia, en el amor a todos. Eso es hermosísimo.

Mira, después de que tú lo empiezas a hacer… yo lo hago, muchas familias, esa gente cambió su vida completamente… que no se reunían nunca, que no vivían sino en el negocio todos los días… corre pa’ya, corre pa’ca, o sea, que tú encuentras en el trabajo una condición de poder solucionar, solucionar los problemas que haya. ¿Ves? Y encontrar siempre un escape en las cosas que te tienen muy presionado.

Sí, porque hay que hablar, la familia tiene que hablar, la familia tiene que encontrarse. No puede estar, tú por allá y el otro por acá y que nadie sabe nada; todos tienen que saber lo que está pasando, especialmente nosotras las madres, el padre, la madre, pero la madre está más pendiente de todo. Porque tú no sabes lo que está pasando, el señor puede tener una angustia y tú no lo sabes, el otro puede tener una angustia, otro otra angustia y todos tenemos que saber lo que somos, lo que sentimos. Una alegría… buscar así una motivación.

Por lo menos los domingos, así los días que no haya trabajo… o ir de paseo, o ir a un restaurante si quiere ir a comer, pero a mí me gusta preparar mi casa. Yo voy a restaurante mucho, pero me gusta mi casa porque tú lo haces con ilusión, de lo que vas a preparar, de lo que vas a hacer, como si vas a hacer un banquete, como si vas a hacer una cosa muy grande y te sientes alegre y feliz.

Tú oyes conversar a tus hijos y tú ves cómo está esa mente, aprendes a conocer cómo están ellos y a ayudarlos. Esos hijos van desarrollando esa mente. Ustedes son todos intelectuales, inteligentes, muy preparados, pero la unión familiar es algo único, es lo más grande que tenemos, es lo más bello, es lo más hermoso nuestra familia. Nuestra familia es lo más grande que tenemos, no hay nada más grande.

Tú, Rose, tú que tienes una familia grande, reúne a toda tu gente. Yo a toda mi familia, a toda mi gente en Caracas, todas mis amistades, todo el mundo reúne a su gente. Los están reuniendo ahora porque tú a veces no sabes lo que está pasando. Los muchachos les pasan las cosas en la calle y uno no sabe lo que le pasa al muchacho. Vienen los problemas y te agarran así que te mueres de un susto de no saber lo que está pasando.

Entonces, tenemos que reunir a nuestras familias, yo se los pido hijos y su Misa los domingos vamos, tradicionalmente, pues, se hace después de la Misa, en el almuerzo. Todas estas cosas se hacen en el almuerzo porque uno en la tarde está cansado, pero en el almuerzo, sí. Almuerzan y después todo el mundo se sienta y habla. Cuando va a hablar, se para. Yo los mando a parar cuando va a hablar la persona; estar parada, no sentada la persona y así van tomando como… tú vas viendo que hay algo en el ambiente… que está el Señor. Van a darse cuenta que está el Señor, es una cosa que te van guiando, que no está uno solo.

Ahora, me lo están diciendo los muchachos que lo han hecho que les ha ido muy bien; que unos que no tenían trabajo consiguieron trabajo; unos que estaban angustiados se les ha arreglado todo, se han solucionado los problemas. Porque tenemos que buscar un escape, de algo que nos dé aliento, que nos dé vida, que nos dé fortaleza porque uno solo así… en conciencia. Somos católicos, cristianos; sí, es verdad, pero si no hacemos nada.

Tenemos que hacer algo por la familia, la familia es nuestra cruz amada y esa familia hay que cuidarla, seguirla y llevarla. Por eso es que se te escapan los muchachos, se te escapan los hijos. Yo veo esas madres por allí llorando, que me llegan a mí vueltas locas que el hijo se le fue y no saben dónde anda, que la niña se les fue. ¿Qué es esto? Eso no puede seguir así. Guiarlo, llevarlo y que la otra familia lo haga, y todo el mundo va haciendo su misión.

[…] darle las gracias al Señor por esta tarde que nos ha dado.

Esto me ha hecho mucho bien, Señor.

Acabo de ver como una monjita vestida de gris, pero con velo negro. ¿Quién será esa? De una congregación vestida de gris. Debe haber algo importante.