Palabras de la sierva de Dios María Esperanza de Bianchini en la residencia del Sr. John Crimi. Serenity Hills, Nueva Jersey, EE.UU.

Sábado, 14 de diciembre de 2002

Estamos aquí para servirnos los unos a los otros y para sentir la presencia del Señor. El Señor nos quiere dejar su Cuerpo Místico, quiere enseñarnos a compartir con sus familias.

Está llegando el despertar de conciencia, el gran día está llegando en que todos tendrán que unirse pidiendo misericordia, perdón, pudiendo alcanzar la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ya que esa bendición es la clave para enseñarnos que Dios vive entre nosotros de la manera más natural.

Ahora, estamos confundidos porque no hemos trabajado verdaderamente para hacer conocer el Nombre de Jesús viviendo todos unidos, unidos, unidos, para aquéllos que lo necesitan.

Ya basta de separaciones de familias, es necesario acabar con las flaquezas espirituales para renovar las conciencias de todos los hombres de la Tierra, porque la felicidad hace falta en todos los hogares, porque así se deben de manifestar los beneficios de las almas generosas.

Así que unidos para evitar una guerra, evitándola, porque sufrirán mucho.

Está dicha la verdad.

Que la paz sea con vosotros. Amén.

(Después de otras actividades, la Sra. María Esperanza continuó dirigiéndose a la Flia. Cannon:)

Poder y gracia de Dios.

Veo flores y pétalos que bajan del cielo. Nos están preparando.

Hoy inician su misión. Ustedes se van a dar cuenta, van a estar felices.

(La Sra. María Esperanza le pidió a la Sra. Julie de Cannon que repitiera con ella:)

Yo le pido a Dios terminar la obra que comencé.

(Luego, la Sra. María Esperanza prosiguió:)

En el silencio es cuando se pude organizar una red que pueda contener la gente que vale la pena.

Hemos nacido a la nueva vida de Dios que Él nos permitió.

Veo pura leche. Es la abundancia, la curación de las personas. Tomarla todos los días. La leche es el primer alimento del hombre, el alimento del Niño Jesús.

Dios nos ha dado hoy una gracia especial que no sabemos, pero cada cuál lo sabrá.

Veo a la Virgen del Carmen clarita con el Niño. Bendita Virgen del Carmen.

La labor más grande es la familia.

La certeza del que vive con calidad humana restablece a los pueblos y naciones y edifica un muro de contención espiritual para que todo hombre, mujer y niño tenga un estacionamiento donde llegar.

Han llegado aquí, a esta casa de Dios. Amén, Jesús, María y José.

Todo está ordenado.

Desde un punto debemos mirar, observar, ya que para eso hemos venido aquí a encontrarnos con Dios. Es sencillamente sentir al Señor, su presencia espiritual; aunque no lo vemos Él está aquí.

Aquí todos debemos ganarnos la presencia espiritual del Señor para recibir un don que se llama entendimiento. Vamos a desarrollar el entendimiento para que así amemos al Señor Padre que convive con nosotros y que nos llama a la perfección a ubicarnos como deber ser.

Así, pues, desde esta noche estamos en las manos del Señor – han estado siempre – pero desde ahora va a haber una fuerza espiritual para no dejar perder esa fuerza del hálito divino del Señor.